El equipo, a pesar de su elogiada propuesta de juego, es el segundo más goleado de la categoría. En un total de cinco encuentros ha recibido dos o más goles, algo que hace muy complicado ganar encuentros.
Pasado el primer cuarto de temporada la Arandina ya tiene deberes, e importantes. La retaguardia está siendo el punto débil de una escuadra a la que le llueven elogios, tanto de aficionados rivales, como del resto de entrenadores por su agradable propuesta de juego, pero que adolece de una fragilidad defensiva inasumible si el grupo quiere lograr el objetivo de la permanencia.
El conjunto blanquiazul es la segunda escuadra más goleada del Grupo I de Segunda División B con un total de 21 goles en las 11 jornadas disputadas. Es decir, los ribereños reciben prácticamente dos goles por partido. Un descalabro. Solamente el Izarra, penúltimo, supera en ese aspecto a los ribereños con 22 tantos en contra.
Las estadísticas demuestran que aquel equipo que recibe dos o más goles por partido tiene realmente complicado ganar un encuentro. Haciendo caso a esta circunstancia los ribereños perdieron el pasado domingo (2-1) y la jornada anterior (2-3). En las otras nueve jornadas, los de Javier Bermúdez sufrieron en Coruxo (4-1) y Vigo (6-1).
Por otro lado, en aquellos partidos que el equipo recibió un gol o ninguno acabó puntando o ganando. Así, se superó al Ferrol (1-0), se puntuó ante ante el Racing (1-1), se ganó al Astorga (1-2) y se empató ante el Logroñés (0-0), el Peña Sport (1-1) y el Izarra (1-1). Caso extraño es lo sucedido en Mareo con es triunfo 2-3.
En defintiva, el equipo ha de mejorar en el aspecto defensivo, tanto en la parcela de la propia retaguardia, como el resto del terreno de juego a la hora de replegar, sino quiere más complicaciones de las esperadas, un aspecto que precipitaría al equipo tanto al puesto de promoción de permanencia, como ocurre ahora mismo, o mucho peor, los puestos de descenso.