Dos victorias, dos empates y una sóla derrota en las últimas cinco jornadas. El Montecillo inexpugnable, cero tantos en contra en los dos últimos encuentros. Dos empates fuera de casa. Tan sólo cuatro goles en contra en este último ciclo. Son cifras que hablan de un equipo que comienza a funcionar como bloque.
El triunfo ante el Caudal abre los pulmones de una Arandina que andaba asfixiada. Aire fresco. Una bocanada de aire nuevo que deja al equipo en la línea de salida de una nueva etapa que se abre, la de pugna de 'tú a tú' con todos sus rivales por la permanencia.
Los números, las sensaciones, la tendencia, todo habla de un equipo renovado. Esperemos que no sea pasajero, que el bloque no vacile con una nueva derrota. Esperemos. Próximo examen, Guijuelo.
Y es que en los últimos cinco partidos algo ha cambiado en los blanquiazules. Tras cinco derrotas seguidas, la Arandina ha sumado, en los últimos cinco compromisos dos victorias -las dos en casa-, dos empates -ambos fuera- y una derrota -el accidente en Boiro-. O lo que es lo mismo de no sumar nada de 15 puntos posibles, los de Ferreras han pasado a hacerse con un botín de ocho puntos de otros 15 posibles. Paso al frente.
No es momento ahora de pensar en si es mejor de esta o de otra manera, lo importante más que nunca es sumar. Si, ser resultadista. Imprescindible.
Cifras, datos, guarismos que hablan de que el equipo si se adelanta en el marcador no pierde (Izarra, 1-1), incluso gana (Coruxo, 4-0 y Caudal, 2-0). Y que sino encaja nunca pierde (Somozas, 0-0, Coruxo, 4-0 y Caudal, 2-0). Pero no hay que lanzar las campanas al vuelo. No se ha conseguido nada. Quedan dos tercios de temporada y habrá lugar a los errores, esperemos que los menos. Para muestra... un botón. Lo que ocurrió en este mismo ciclo de partidos en Boiro, donde el equipo se vio por detrás y no fue capaz de reaccionar. Incluso bajó los brazos y salió goleado (3-0). Imperdonable. Un accidente.
Por eso ante el Guijuelo los ribereños han de tener muy presente el trabajo reciente, con o sin Carlos Portero, el pichichi; con o sin Rubén Arroyo, el asistente. Y es que ambos marcan la diferencia ofensiva. Una seña de identidad en ataque a la que sumó, ante el Caudal, al que se esperaba, Javi López.
Pero lo más importante seguirá siendo el entendimiento entre la defensa y el centro del campo y propia solidaridad del bloque, incluso los atacantes. Eso es lo que ha hecho progresar al equipo. Indiscutible.
El viento parece estar a favor. Hay que seguir manteniendo el timón con firmeza para llegar a buen puerto al término de un mes de noviembre donde El Montecillo vivirá otras dos visitas imprescindibles. Mutilvera y Palencia.
La primera vuelta aún queda lejos, pero distanciarse de los puestos de descenso sería importante, nunca definitivo, pero muy importante.