Frialdad por momentos en las gradas derivada de la no renovación de Diego Camino con indiferencia por momentos, petición de continuidad al central vallisoletano y desprecio a quienes no han sabido gestionar la figura de un jugador de leyenda
El BM Blas Gon Villa de Aranda tenía ayer varios frentes abiertos. Ganó con cierta autoridad el que le midió al BM Zamora y le sirvió para sellar matemáticamente su permanencia en la máxima categoría. Pocos apuros para los ribereños ante un oponente que se aferra como puede a la Asobal.
Más allá de los puntos en juego, se sometía a debate la gestión de la no renovación de Diego Camino. Reacciones contundentes desde la grada y desde distintos sectores. La afición local clamó por la continuidad vallisoletano y seguramente llegó a emocionar a un jugador que debiera replantearse que, por encima de los errores cometidos y reconocidos por el club, su lugar está donde se le quiere. No se le puede pedir ni más alto ni más claro. Diego Camino es un deportista mítico en la historia del balonmano arandino y, quienes hacen grande a una entidad deportiva, lo pusieron de manifiesto.
No fue el único mensaje dirigido desde la grada. Obviarlo sería condenar al peor de las castigos a un club, la indiferencia y, esta, por momentos, invadió las gradas del pabellón Príncipe de Asturias. Muchos integrantes de distintas peñas abandonaron durante cinco minutos la instalación tras el emotivo saludo protocolario cantando el himno de Aranda. Una ausencia dolorosa que trasladó una frialdad insólita, por inusual, al pabellón Príncipe de Asturias. Después regresaron. Hasta en eso la afición del Villa de Aranda se distingue. Una reivindicación sin abandonar a su suerte al equipo. Muy grande.
No fue el único gesto. Hubo una pancarta pidiendo la dimisión de la directiva, alusiones al entrenador Jacobo Cuétara que no acaba de conectar con la afición y otro detalle de grandeza que quizá debió nacer del propio club que se vio nuevamente superado en talla por sus propios seguidores. Tuvo que ser la peña 'Patata' quien diera una calurosa bienvenida a Alberto Miranda, otro de los grandes jugadores en la historia del club ribereño. Y arandino de nacimiento. Homenaje de la peña 'Patata' al actual portero del BM Zamora para demostrar que es un colectivo que supera el perfil de una afición al uso. Tremendo patrimonio para el Villa de Aranda.